12 hombres sin piedad y el juicio de Asunta

- 12 . noviembre . 2015 -

Hasta ahora, me he resistido a comentar el juicio de Asunta. Ya puse de manifiesto mis dudas al respecto, en un anterior post: era prácticamente imposible que el jurado se olvidara de lo visto y oído durante más de dos años, desde aquel fatídico 21 de septiembre de 2013. Prensa y televisión organizaron un auténtico juicio paralelo, con expertos de todo tipo, amigos, profesores y demás personajes declarando o aportando su opinión. Después, el juicio de verdad se ha seguido prácticamente en directo, con programas televisivos dedicados prácticamente en exclusiva. Y, por si fuera poco, ya se han publicado al menos 3 libros, anunciando un periódico el otro día, a menos de 2 euros, el lanzamiento de un “libro-trabajo periodístico”con las claves del juicio.

El jurado ha alcanzado un veredicto de culpabilidad por unanimidad. Lamento disentir con la mayoría de las opiniones que se muestran de acuerdo, y con los ataques que se han dirigido contra los abogados defensores. A mí, el veredicto me parece una barbaridad y una prueba evidente de que el jurado popular no está para estos asuntos.

¿Dónde ha quedado el principio in dubio pro reo? Si hay dudas, cualquier Juez hubiera absuelto a los acusados. Y, en este caso, las dudas abundan:

  • El móvil: quedarse con la herencia de los abuelos, como se dijo al principio, o ahorrarse molestias porque la niña les cansaba, o incluso que era un plan para que los padres volvieran a estar juntos… para terminar diciéndose en el juicio que el móvil no importaba.
  • La cuerda utilizada, de la que no se pudo demostrar que la que se encontró en la casa y en el cuerpo de la niña fuera la misma.
  • La tierra encontrada en el coche, que tampoco coincidía con la de pista forestal.
  • La ingesta del medicamento (al menos 27 pastillas) durante la comida de ese día y la aparente normalidad con la que una cámara grabó caminando a la niña por la tarde.
  • La participación del padre, ya que se dijo en el juicio que el asesinato era cosa de dos. En este punto, el jurado dijo que “no podemos descartar la presencia de Alfonso en el asiento trasero del vehículo Mercedes en el que Rosario y Asunta se desplazaron a Teo. Iría detrás, de tal modo que no le captaron las cámaras de seguridad porque en ninguna se recogen imágenes de la zona trasera”.

“No podemos descartar. Iría detrás”. Tremenda confirmación de duda, absolutamente incompatible con un veredicto de culpabilidad.

No sé si los padres son culpables o inocentes. Tampoco sé si el veredicto unánime se debió a las propias convicciones u opiniones personales que pudieran tener los miembros del jurado incluso antes del juicio o a que desconocían principios jurídicos básicos, como el de in dubio pro reo. Lo que sí sé y no me gusta nada es el linchamiento que están sufriendo los acusados y sus abogados. No sería la primera vez que, al final, un muy presunto culpable o incluso un condenado termina siendo declarado inocente.

Por eso me estoy acordando mucho de la magnífica película 12 hombres sin piedad, en la que el jurado debe reflexionar sobre lo que parece un claro asesinato y, en contra de todo pronóstico, terminan absolviendo al acusado por tener dudas razonables. Parece que el jurado no va a tardar mucho en terminar sus funciones, pero uno de los miembros tiene dudas y quiere analizar los hechos y las pruebas. Tiene dudas, no es que esté convencido de la inocencia del acusado. Tiene dudas y sabe que, si no las resuelve con las pruebas que le han presentado, no puede dictaminar que el acusado es culpable.

Aguantado una presión enorme del resto de los miembros del jurado (alguno quiere irse a un partido de beisbol, otros dos son especialmente combativos, y hay varios que van y vienen o están dispuestos a juzgar con ligereza a un semejante) comienzan a discutir y a revisar las pruebas que parecían más fundamentales. Al final, unos dejan de lado sus perjuicios o sus propias experiencias personales, y los más superficiales terminan reflexionando.

Más de uno debiera ver esa película. Y ser prudente, pues no está dicha la última palabra en este asunto, aunque hoy mismo se haya conocido la Sentencia, que condena a 18 de años a los padres de Asunta, de conformidad con el veredicto alcanzado por el Juzgado.

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